Por: David Crespo

En nuestra ciudad, el pasado mes abril terminó con uno de los eventos más trascendentes de los últimostiempos: la Kumbre de Sostenibilidad. Sí, con “K” en honor a su promotor y organizador, el Grupo EKOS. En esta tercera edición se dieron cita en el Centro de Convenciones Metropolitano de Quito conferencistas de diferentes partes del mundo y los empresarios más exitosos de nuestro país, todos juntos con un solo tema en mente: la sostenibilidad.
Hace casi cuarenta años, la Comisión Brundtland de las Naciones Unidas definió a la sostenibilidad como aquella que permite “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades propias” (Naciones Unidas, 2026). Pese a que el concepto es regularmente relacionado con factores ambientales y el cambio climático, su profunda trascendencia viene atada a la aplicación, por parte de las empresas, en coordinación y armonía con las instituciones públicas, de las tan necesarias prácticas “ESG” (environment, social, governance -por sus siglas en inglés-).
Es claro entonces que no solamente las correctas prácticas ambientales hacen que aportemos empresarialmente al desarrollo sostenible, sino también la mitigación del impacto social de las actividades productivas y la implementación de políticas de gobernanza transparente y honesta,
y una adecuada prevención de riesgos. Y es aquí donde la negociación puede jugar un papel fundamental.
Muchas veces los empresarios al pensar en asuntos legales y en abogados solo ven problemas que solucionar, gastos que realizar e, inclusive, en litigios ganados, importantes pérdidas productivas, acompañadas de un intenso desgaste emocional. Pero qué pasa si, en lugar de un escenario tan negativo, los asesores jurídicos nos convertidos en fuente de verdaderas soluciones legales, en las que la contraposición existente con un tercero sea proveedor, trabajador, cliente, socio de negocios, u otro, en lugar de ser un obstáculo para el desarrollo empresarial, se convierta en una oportunidad de generar valor para ambas partes.

La negociación, técnicamente hablando, se basa en dilucidar los verdaderos intereses o necesidades existentes entre dos partes y derribar los muros que representan posiciones rígidas y viscerales, a través de criterios objetivos y la generación de múltiples alternativas. Es decir, entrar en una dinámica de ganar-ganar, convirtiendo a nuestro potencial contendiente en un aliado que trabaje en equipo con nosotros para desarrollar adecuadamente una idea o para prevenir un posible conflicto.
Es así como, el incorporar a la negociación dentro de las prácticas empresariales diarias permite aportar al desarrollo sostenible de nuestros negocios al fomentar relaciones y negocios sanos y prósperos, que aumenten la producti
vidad y el éxito, así como al aportar soluciones legales ágiles, eficientes y económicas que reduzcan el impacto social de nuestras activades productivas y, de manera considerable, el temido gasto legal, en dinero, tiempo y tranquilidad corporativa.
Que este sea el punto de partida para que empecemos a tomar en serio a la negociación dentro de las prácticas empresariales sostenibles y se convierta en un vehículo que nos transporte hacia grandes objetivos corporativos, cuidando a la vez del futuro de las próximas generaciones.